Recojo y copio de una conocida publicación este articulo. Recomiendo leerlo : Hace ocho años, me ofrecí como ilustrador a un periódico. Tuve una entrevista con el director. Hoy sé cómo funcionan los despachos de los los periódicos (al principio todo es bastante maravilloso, luego llega el día en que llamas y te dice la secretaria, por primera vez, que Él está reunido). El caso es que aquel encuentro fue cordial y lleno de promesas y cumplidos por ambas partes pero hubo un momento, y quizás sin darse cuenta, en que el director me sacudió con un gancho de derecha: o sea, que tu hobby es dibujar. Y el tuyo, cabrón, dirigir periódicos, pensé. Sin embargo, lo dejé pasar, me acompañó hasta la puerta principal y allí nos estrechamos la mano. Esa misma semana me encargaron un primer trabajo, dos caricaturas en color que ocuparon, el domingo, las páginas centrales del periódico. Después de aquellas, vinieron otras muchas. Nunca me las pagaron. Zanjé la relación con el director a través de un duro e-mail. Muy duro. Me arrepiento especialmente de algunos párrafos. Ahora, a pesar de todo, y es curioso, le recuerdo con cariño. Al fin y al cabo me enseñó algo importante: que (la mayor parte de) los hombres y mujeres serios -¡Yo soy un hombre serio y no me entretengo en tonterías!- son ridículos y, por tanto, conmovedores.
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